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Debemos movernos en sentido
contrario al ALCA DE Bush

• POR CUAUHTEMOC CARDENAS / FUNDACION PARA LA DEMOCRACIA -ALTERNATIVA Y DEBATE- A.C.

Cuahtémoc CárdenasLa globalización que vivimos se mueve en sentidos diversos y tiene efectos a veces positivos, a veces negativos, sobre las condiciones de crecimiento de las economías y sobre los niveles de vida de los pueblos, y deja ver que salen mejor librados los países que participan en el proceso manteniendo el control de sus destinos y que se mueven en el sentido mismo de la globalización positiva que se está dando.

Así vemos que en un sentido se están globalizando las transacciones financieras, el acceso a una gran diversidad de conocimientos y a medios de información muy variados, la disponibilidad de ciertos productos de consumo masivo, y, al mismo tiempo, en el otro sentido, la exclusión social, la miseria, los rezagos económicos, la depredación de los recursos naturales, la concentración de la riqueza.
Frente a esta situación, el reto que hoy enfrenta la humanidad es revertir los aspectos negativos del proceso para que se globalicen el progreso, la inclusión social, la equidad, la justicia, la democracia.

Un elemento que ha aparecido en este proceso y que afecta a la región donde vivimos, que constituye un serio riesgo para los países latinoamericanos y del Caribe, es el proyecto de creación del Área de Libre Comercio de las Américas –el ALCA-, tal como lo ha concebido y lo maneja el gobierno de los Estados Unidos.
El ALCA, intuimos, representa para los países nuestros el gran riesgo de quedar, por quién sabe cuanto tiempo, pero puede aventurarse que largo, subordinados y sometidos a los intereses políticos y financieros que hoy dominan el gobierno norteamericano.

¿Por qué digo intuimos? Porque hasta hace muy poco, una condición impuesta por el gobierno norteamericano a sus contrapartes en las negociaciones del ALCA es que éstas se condujeran sin informar sobre ellas a la opinión pública. Ha sido hasta muy recientemente que el nuevo gobierno del Brasil exigió y logró que esa negociaciones se empezaran a conducir de cara a la opinión pública, aunque, por lo menos en el caso de México, todavía no se da a conocer el estado que guardan las negociaciones y los compromisos que se hayan establecido en relación a este proyecto.

El ALCA tiene su origen en la Iniciativa de la Empresa de las Américas, del presidente Bush padre, que planteaba configurar un área continental de libre comercio a partir de acuerdos bilaterales negociados por Estados Unidos con cada uno de los demás países del continente, esto es, de acuerdo con los intereses y los tiempos del más fuerte. De ahí surgió primero el acuerdo de libre comercio que se firmó con Canadá, después, el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN), suscrito con Canadá y México. Ahora Bush hijo va por el ALCA, que pretende cobre vigencia en el 2005, negociando con todos los países del continente simultáneamente, con el claro propósito de consolidar la hegemonía norteamericana sobre las economías y de hecho los destinos de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.

Nosotros, si queremos preservar nuestra independencia y garantizar un progreso con equidad para nuestras naciones, debemos movernos en sentido contrario al ALCA de Bush.

Para ser efectivos a este respecto, no basta hacer el planteamiento político o simplemente fijar la posición en la mesa de las negociaciones. Hace falta que nuestra propuesta esté respaldada por una amplia y sólida base popular. Hace falta que la gente perciba con claridad los riesgos que el ALCA entraña para nuestros pueblos y nuestros países, y por otro lado, que esté convencida de qué es lo que le conviene como parte de la globalización y de los procesos de integración que tienen lugar en nuestro continente.

Hemos vivido ya más de dos décadas de neoliberalismo en América Latina. ¿Los resultados? En el caso de México, que no es muy distinto desde el punto de vista cualitativo a lo que ha sucedido en otros países de la región, en estos años se ha producido un fuerte aumento de la pobreza, que hoy alcanza al 65% de la población total del país, se han perdido, sólo en los últimos tres años, más de un millón de plazas de trabajo, con un consecuente aumento de la desocupación, existe una creciente corriente migratoria de mexicanos hacia los Estados Unidos –durante los últimos veinte años, alrededor de 500,000 anuales, de los que la mayoría se queda en el país del norte, donde se estima existe ya una población mexicana que alcanza los 27,000,000-, una caída constante del poder adquisitivo del salario, que se ha reducido para representar hoy no más de un 15 ó 20% de lo que representaba en 1982. Se ha dado, además, una agudización recurrente de la crisis económica que se vive desde entonces y en los tres años de la presente administración, la economía se encuentra estancada: el PIB disminuyó en 0.1% en el 2001, creció, si puede decirse que eso fue crecer, entre 0.2 y 0.4% en el 2002 y se prevé para este año un crecimiento no mayor del 1.2%.

En estas condiciones, es preciso crear conciencia amplia entre la gente respecto a que debe instrumentarse un modelo político, económico y social ajeno al neoliberalismo de los consensos de Washington, que nos permita participar con equidad en los procesos de globalización, haciéndole ver que eso será posible no si impulsamos el actual proyecto del ALCA, sino si nos avanzamos hacia la unidad y la integración política y económica de nuestro subcontinente.

El mundo, en la parte que progresa, ha organizado sus economías a partir de grandes masas demográficas y vastas extensiones territoriales, de recursos naturales y productivos variados y abundantes y de mercados internos en la escala de la globalización. Tal es el caso de Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón, Rusia, y, si en nuestro caso no nos movemos en el mismo sentido, no estaremos en condiciones de generar desarrollo en nuestros países y condiciones de competitividad internacional para nuestras economías.

La región latinoamericana y del Caribe, nuestro subcontinente, cuenta con una numerosa población, con un extenso territorio, rico en recursos, y con una importante capacidad productiva, que tiene amplias posibilidades de crecimiento y diversificación. Si nos vemos como conjunto, veremos que representamos un conjunto en verdad impresionante por sus potencialidades.

Del otro lado están los apremios de nuestros países, que son la pobreza, la desocupación, el ingreso insuficiente, la cancelación de oportunidades de mejoramiento para la población, la destrucción de tejidos productivos, un escaso crecimiento de las economías, el deterioro de los valores culturales y la pérdida de las identidades nacionales, la dependencia económica y la subordinación política a Estados Unidos, que no dejan ver a mucha gente por dónde se encuentra la salida más viable y más sólida a estos problemas.

Una primera tarea que debemos proponernos, como dije antes, es crear conciencia entre la gente, de la importancia y trascendencia de lograr la unidad y la integración de nuestra región, para así desarrollar capacidad de convocatoria, de agrupamiento y de movilización. A la realización de esta tarea debemos abocarnos con prioridad.

Es necesario que la opinión pública vea las ventajas de la integración para cada país y para la región en su conjunto, tanto en lo que hace a los progresos internos como para tener una mejor y más equitativa convivencia internacional, así como de poner en práctica una política distinta a la vigente, que ponga por delante los intereses verdaderos de la población.

, y potenciar los aspectos positivos y favorables a la integración de las organizaciones subcontinentales de trabajadores, educadores, del MERCOSUR, del Pacto Andino, del Parlamento Latinoamericano.

Debemos ir pensando, además de los contenidos de los acuerdos generales, en medidas concretas, como la creación de la ciudadanía latinoamericana, que requeriría de reformas constitucionales en cada uno de nuestros países, para que todo latinoamericano adquiriera derechos de tránsito, residencia y trabajo, así como derechos electorales, con las modalidades que se convengan, desde el Río Bravo hasta el Estrecho de Magallanes.

Es preciso, además, ir encontrando y definiendo las áreas o actividades en las que puedan ponerse en práctica políticas comunes, que se diseñen y convengan democráticamente entre las representaciones de todos nuestros países. En una primera fase podría pensarse en desarrollar políticas comunes en materias como el combate a la pobreza, el reconocimiento de derechos fundamentales de los pueblos indígenas, la educación superior, la investigación científica y el desarrollo tecnológico, petróleo, siderurgia, transporte aéreo y marítimo, protección ambiental, políticas culturales para fortalecer la identidad y con proyección latinoamericana, así como llevar a cabo una revisión de los contenidos educativos en el mismo sentido.

Es preciso conocernos y conocernos bien. Por eso tenemos que estrechar nuestras relaciones en todos los órdenes y desarrollar medios de divulgación que nos acerquen.

De esta reunión preparatoria del Congreso Bolivariano de los Pueblos podría surgir la propuesta de constituir un grupo de trabajo, de carácter permanente, que estudie y en su momento haga propuestas de cómo avanzar en el proceso de integración de nuestra región, esto es, de los lineamientos que debieran seguirse y las acciones que debieran emprenderse para llegar al tratado, constitución o estatuto de la unidad e integración de los pueblos y naciones de América Latina y el Caribe, de nuestra Patria Grande, que haga realidad los ideales de Bolívar y de todos aquellos que han luchado y luchan por nuestras libertades y nuestro progreso.

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