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LOS DERECHOS HUMANOS Y LA Autores:
Cuauhtémoc Amezcua Dromundo. Coordinador. Carmen
Chinas Salazar, Martha Elvia García García,
José Santos Cervantes, Santos Urbina Mendoza.
Coautores. Edición: Nueva Democracia,
APN y Movimiento Juarista Bolivariano por la Soberanía y la Unidad
de América Latina y el Caribe. México. 2003. CONCLUSIONES Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo Cuba está en el centro de la atención mundial. Hoy más que nunca. Desde Washington y Miami se le acusa de incurrir en graves violaciones de los derechos humanos. Tal cargo hoy toma más fuerza que nunca. Se hace año con año en Ginebra, es cierto. Y es infundado. Nada hay que lo sustente. Sólo la maquinaria de la propaganda que sirve a Washington y a Miami. En Cuba el ejercicio de los Derechos Humanos, todos, es ejemplar. Los de tipo social, desde luego, sin que país alguno se le aproxime. Medalla de Oro, para usar los términos olímpicos. Pero no sólo esos derechos. También los de carácter individual. Y los derechos democráticos. Todos. Así lo sustenta el cotejo puntual de la Declaración Universal de los Derechos Humanos con su ejercicio en Cuba, uno por uno, artículo por artículo. No obstante, el cargo contra Cuba hoy es más violento, más publicitado... Los Derechos Humanos son de tres niveles:
Por otra parte, podemos afirmar que los derechos humanos de tipo individual sí se respetan en Cuba. Todos, la garantía de igualdad, el derecho a la no discriminación, el derecho a la libertad, el derecho a la nacionalidad, la libertad de creencias, la libertad de opinión y de expresión, la de reunión y de asociación y la personalidad jurídica, entre otros. Todos y cada uno de los que se enlistan en la Declaración Universal. Así se documenta en este libro. Incluso el derecho a la propiedad, al que desde luego las leyes de Cuba no dan igual trato que en los países capitalistas. Cuba es una sociedad socialista. Una sociedad que construye ese régimen que busca corregir las injusticias de los regímenes capitalistas, que son enormes. Por eso las leyes que se han dado los cubanos no tratan la propiedad con un criterio irrestricto en lo formal, como se hace en los países capitalistas. Porque esa falta de restricciones formales a la propiedad sólo acaba restringiendo del todo ese y muchos otros derechos a la gran mayoría de los humanos, sobre todo el de tener una vida digna y decorosa, cuando unos pocos concentran casi toda la propiedad en sus manos y privan aun de lo elemental a todos los demás. Por eso, las leyes que se han dado los cubanos a este respecto no permiten la apropiación privada de los bienes de producción y cambio. Con ello evitan la injusticia de la apropiación indebida y excesiva que se da en las sociedades capitalistas. Garantizan, eso sí, la propiedad privada de los bienes de uso personal y familiar. La protegen. Son más humanas. Ponen a las personas y no a las cosas en el centro de la atención de la sociedad y de la protección de las leyes. Y desde luego que en Cuba se respetan los derechos democráticos. Otra vez, igual que sucede con el derecho de propiedad, en Cuba la realidad es distinta a la de los países que ostentan regímenes de democracia representativa. Muy distinta. Pero su democracia socialista no es menos válida ni menos democrática. Al revés. Se trata de una democracia más plena, y así se documenta en este trabajo. Se trata de un régimen más democrático, si por tal ha de entenderse que sea el pueblo el que mande, que sean sus intereses los que pesen en las decisiones de la administración pública, y no los intereses privados de una clase social constituida por unos pocos, pero muy poderosos. Opera con otros mecanismos, claro está. Pero se trata de mecanismos superiores. Ahora bien, nada obliga a los cubanos a que se rijan por regímenes políticos como el que impera en México o el que existe en Estados Unidos. Nadie puede imponerles otras formas de gobierno que no sean las que ellos desean. Están en su derecho al diseñarlas diferentes. Es un derecho humano de tipo superior que todos los demás países estamos obligados a respetar. Véase, en otro ángulo del tema de los derechos humanos, el caso de los 75 cubanos que fueron procesados y condenados a cárcel en abril pasado. Y que dieron pie a un sonado escándalo promovido por Miami y por Washington. En este trabajo queda claro cómo todos ellos gozaron de plenas garantías de seguridad procesal y de seguridad jurídica. De las que no gozan, por cierto, miles de procesados en los países capitalistas, aun los llamados de alto desarrollo, como Estados Unidos. En este último son muchos los casos de quienes son víctimas de atropellos y de juicios injustos sólo por ser pobres y no poder pagar abogados caros, o por pertenecer a minorías étnicas, por el color de su piel. Muchos son condenados a pena de muerte, sin haber sido comprobados los cargos. En este trabajo también se da cuenta de ese tipo de injusticias. ¿Y qué decir de los cientos, miles de personas detenidas sin el menor respeto a sus derechos de este tipo, por ser sospechosos sólo eso, sospechosos, no culpables, de terrorismo? El contraste es brutal. Lo cierto es que los Derechos Humanos han sido un mero pretexto de la propaganda de Estados Unidos y de otras potencias para dar cobijo a su política de intervención en todo el mundo. Igual que el terrorismo. Nada les importan tales derechos. Esta es la verdad. Así se documenta en este trabajo. Sólo se trata de un pretexto hipócrita. Lo usan para agredir, para bombardear, para asesinar a los pueblos, para ponerles su bota sobre el cuello. ¿Por qué? Porque las potencias buscan ampliar su dominio. Porque ambicionan sus territorios que consideran estratégicos, o porque quieren para sí sus bienes naturales valiosos, como el petróleo y el gas, o porque consideran que si sus pueblos se emancipan y construyen sociedades libres y dignas, eso es un mal ejemplo que puede cundir y que ellos no pueden tolerar, porque les destruiría su dominio. Este último es el caso de Cuba. Las acusaciones públicas contra Cuba se reforzaron luego de los juicios y sanciones de cárcel a que fueron sometidas esas 75 personas de las que se dijo que eran disidentes y que eran presos de conciencia. Y también se dijo que se les perseguía por el sólo delito de ejercer el derecho de pensar, de opinar, de reunirse, de luchar por la democracia. Pero nada de eso se sustentó. No existe un sólo elemento de juicio, serio, que respalde tales asertos. El análisis cuidadoso del caso revela otra cosa. Deja en claro que se trata de individuos que actuaban en dependencia con un gobierno extranjero. Que recibían dinero, bienes e instrucciones sobre lo que habían de hacer, de ese gobierno. Y no de un gobierno cualquiera, sino de uno que por más de cuatro décadas ha tenido una política de injerencia, de agresión, de guerra en los hechos, brutal, contra Cuba y su pueblo. De uno que ejerce un bloqueo que viola de manera criminal los derechos humanos de todos los cubanos. De uno que ha fomentado toda clase de actos de terrorismo contra Cuba y su pueblo. El gobierno de Estados Unidos. Se trata de individuos que actuaban a su servicio. Que eran sus agentes. Que eran mercenarios, dado que actuaban por la paga. Y que son, por tanto, traidores a su Patria. Todo eso se documenta en este trabajo. Las leyes en Cuba son benignas en estos casos. En otros países, como en Estados Unidos, les hubiera ido mucho peor, no cabe duda. El escándalo creció y se recrudecieron todavía más las acusaciones contra Cuba luego de la pena de muerte aplicada a tres individuos. Se les mata por disentir, por pensar, por opinar, dijeron. No es cierto. En este estudio se documenta que no fue así. No eran disidentes. No luchaban por la democracia. Ni siquiera tenían que ver con los otros, los 75 que trabajaban bajo la batuta del señor James Cason. No. Estos eran simples secuestradores. Simples maleantes que usaron el terror y la violencia para apoderarse de una embarcación. Pillos que amenazaron la vida de muchas personas, hombres, mujeres y niños. En Estados Unidos no les hubiera ido mejor. Por causas mucho menores allá también les aplican la pena capital. Y a otros, por simples sospechas, los someten a las más crueles torturas, como a los detenidos en Guantánamo, por ejemplo. Pero otra vez la maquinaria de la propaganda creó una falsa imagen. Y hubo quienes la creyeron cierta. Y algunos hasta hablaron de más. Como Saramago, un literato, Premio Nóbel, que en otros asuntos había sido acertado. Pero cometió una gran torpeza, porque inculpar a Cuba sin saber bien a bien porqué, implica hacerse eco de la calumnia. Y en este caso implicó poner en grave riesgo las vidas de once millones de cubanos. Ponerlos en el riesgo de ser atacados con el terrible arsenal que Washington ya usó en Irak y que está ansioso de usar contra Cuba. Implicó dar respaldo a quienes calumnian como parte de las acciones preparatorias de ese fin concreto, el de atacar, bombardear, masacrar a Cuba y su pueblo. Implicó darles eco y resonancia, hacerles fácil la tarea. Torpeza que raya en lo criminal, porque también se pueden cometer crímenes por ingenuidad y sin que medie la mala fe. Pero son crímenes al fin y al cabo. ¡Qué lamentable y triste papel! Porque está claro que ése y no otro es el fin de Washington hoy. Cuba está bajo ataque. Enfrenta la fase previa a una guerra brutal. Cuba es víctima de la guerra desde hace tiempo, es cierto. Desde hace más de cuarenta años es víctima de una guerra injusta, de agresión, unilateral y nunca declarada pero que se da en los hechos. Y que ha cobrado miles de víctimas entre los cubanos. Y les ha infligido daños económicos y materiales cuantiosos. Pero lo más grave del caso es que esa guerra hoy toma otra dimensión, entra en otra etapa. Washington quiere entrar a una fase superior. Quiere derramar la sangre cubana en gran escala, cuanta sea necesaria. Quiere aplastar por la fuerza bruta a ese pueblo noble. Quiere dejar en claro que no está dispuesto a permitir que ése ni otro pueblo alguno viva con dignidad, que sea dueño de su propio destino, que ejerza su autodeterminación. Eso es lo que está en el fondo del conflicto hoy. Así se desprende de modo inequívoco del análisis de los hechos que en este libro se realiza. Otros Premios Nóbel, varios, al revés del portugués, estuvieron en lo justo. No les tembló la voz frente a la poderosa maquinaria de la propaganda. No se dejaron prejuiciar. Se mantuvieron firmes. Al fin y al cabo, de todo hay. También entre los Premios Nóbel los hay acertados. Los hay sensibles. Los hay con elevado sentido de responsabilidad social e histórica. Con elevado sentido de solidaridad humana. Tales han sido los casos de Rigoberta Menchú, Nadine Gordimer, Adolfo Pérez Esquivel y Gabriel García Márquez. Y varios miles de intelectuales, de distinguidas personalidades de todo el mundo que suscribieron la carta A la Conciencia del Mundo. Este libro también se ocupa del reverso de la medalla. Se ocupa del caso de los Cinco Patriotas Cubanos que están sometidos a injusta prisión en Estados Unidos. Es terrible. Se les ha privado de todos sus derechos. Se les ha atropellado. Se les ha condenado sin pruebas. Se les ha negado el derecho a un juicio justo. Se les ha impedido el derecho a la defensa. Han sido torturados. Todo ello sin que hayan cometido delito alguno. Sólo el de ser cubanos y ser patriotas. Sólo el de defender a su Patria y salvar vidas. Sólo el “delito” de combatir al terrorismo y de vigilar a los terroristas para evitar que causen daños. Así se documenta en este trabajo. Ellos son Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Fernando González Llort, René González Sehwerert y Antonio Guerrero Rodríguez. De ellos no se ocupan los medios que tanto escandalizan contra Cuba. Guardan un silencio cómplice. Dejan hacer. No podemos caer en el mismo error. Alcemos la voz en denuncia de tan graves atropellos. Alcemos la voz en su defensa. Alcemos la voz en homenaje a estos cinco patriotas ejemplares. No sólo a los Cinco Patriotas Cubanos se les violan sus derechos humanos de todo tipo en Estados Unidos. A ellos y a millones más. A las minorías étnicas. A los negros. A los latinos. A los inmigrantes. Muchos connacionales mexicanos son sus víctimas. Muchos, sin que el gobierno de México los defienda, como sería su deber. En este trabajo así se documenta. Pero el caso de los Cinco Patriotas Cubanos es paradigmático. En éste se refleja toda la perversión del sistema que impera en ese país. Cruel, injusto, inhumano. Y que es capaz de ocultar su perversión por el sólo medio de evitar que los medios masivos de la comunicación capitalista la divulguen. Así, hechos brutales, como éste, pasan inadvertidos para muchos. Como si no existieran. En ese país, Estados Unidos, también existe la pena de muerte, igual que en un total de noventa del mundo. Pero allí se aplica de modo salvaje. Cada vez más. Y con profunda injusticia. Con un sentido racista. Incluso a los menores de edad. Esas son las diferencias. Y otra, que George W. Bush justifica y aplaude la pena de muerte de manera pública. Allí están sus declaraciones al respecto. ¿Por qué la Unión Europea no lo denuncia? ¿Por qué no lo hace Saramago? Eso sí sería justo. Eso sí sería noble. Eso sí sería correcto. La propia Unión Europea tiene una larga cola en este asunto de los derechos humanos. Varios de sus miembros practican el racismo; varios, la persecución a los migrantes; varios, las ejecuciones extrajudiciales. ¿Cómo se atreven a querer juzgar a Cuba? ¿Con qué autoridad moral? Sólo con la fuerza de los poderosos. Por lo que hace a Estados Unidos, no sólo viola los derechos humanos de tipo individual y los de tipo social como ningún otro país en el mundo. También atropella los derechos de los pueblos. También burla el derecho internacional. También burla a la ONU. Y lo hace porque puede. Sólo porque es una potencia poderosa. Desde el punto de vista militar, la más poderosa de la historia. Se siente por encima de todos. Y pretende dictar e imponer su voluntad y sus intereses a todos, a sangre y fuego. Y no sólo Estados Unidos viola los derechos humanos. También sus amigos, como Israel, como Pakistán, como Turquía. Pero sus regímenes gozan del cobijo de la potencia poderosa. Lo tendrán en tanto sean sus incondicionales. Así fue con el régimen talibán en Afganistán, no lo olvidamos. Todo le fue permitido y prohijado mientras fue incondicional. Producción y tráfico de drogas, violación a los derechos humanos, todo. Igual que a Israel, Pakistán y Turquía. Y allí siguen, todos ellos haciendo de las suyas. ¿Hasta cuando? Hasta que los pueblos lo permitan. Los pueblos del mundo pueden impedirlo, si se movilizan para ese fin. Sobre todo el pueblo de Estados Unidos. Sólo que para que eso suceda, los pueblos primero han de darse cuenta de lo que ocurre. Primero han de tomar conciencia. Primero han de dejar de ser manipulados. Y ésa es la gran batalla de hoy. La batalla de las ideas, como bien se ha dicho. La batalla de la información, del raciocinio. Es la que puede y debe salvar a la humanidad. La pretensión de los coautores de este trabajo es la de contribuir con modestia en esa gran tarea. |
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